Todo comenzó en el aula abierta del Instituto de Moià, cuando Jordi Ramos tuvo la oportunidad de realizar prácticas laborales. Entre las opciones que se le presentaron, decidió trabajar en una pizzería. Esta oportunidad se materializó en una beca que duró un año completo. La experiencia marcó un punto de inflexión que lo llevó al mundo de la cocina con una pasión renovada.
Una vez que las prácticas terminaron, la pizzería le presentó la opción de quedarse a trabajar de manera indefinida. Después de un año de aprendizaje, Jordi, con la valentía característica de un joven de tan solo 17 años, decidió cambiar el rumbo de su vida para emprender una aventura siguiendo su vocación.
Desde el garaje de su casa en L’Estany, comenzó su proyecto. Con un horno de leña portátil financiado con sus ahorros, dio los primeros pasos hacia la creación de lo que sería JR Pizzes, una parte inseparable de Moianès.