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LOS INICIOS

Todo comenzó en el aula abierta del Instituto de Moià, cuando Jordi Ramos tuvo la oportunidad de realizar prácticas laborales. Entre las opciones que se le presentaron, decidió trabajar en una pizzería. Esta oportunidad se materializó en una beca que duró un año completo. La experiencia marcó un punto de inflexión que lo llevó al mundo de la cocina con una pasión renovada.

Una vez que las prácticas terminaron, la pizzería le presentó la opción de quedarse a trabajar de manera indefinida. Después de un año de aprendizaje, Jordi, con la valentía característica de un joven de tan solo 17 años, decidió cambiar el rumbo de su vida para emprender una aventura siguiendo su vocación.

Desde el garaje de su casa en L’Estany, comenzó su proyecto. Con un horno de leña portátil financiado con sus ahorros, dio los primeros pasos hacia la creación de lo que sería JR Pizzes, una parte inseparable de Moianès.

LAS PRIMERAS COMANDAS

En los primeros compases de esta emocionante aventura, el garaje de casa se convirtió en un pequeño santuario de creatividad y sabor. La familia y los amigos se convirtieron en los primeros clientes.

No pasó mucho tiempo antes de que Jordi llamara la atención de la dueña de la tienda local en el pueblo de Estany. La oferta de incluir sus pizzas en la tienda marcó un punto de inflexión, creando el espacio perfecto para una emocionante expansión. Los pedidos comenzaron a crecer y la comunidad respondió de manera positiva.

En ese mismo momento, en una feria del pueblo, Jordi se encontró con alguien que organizaba ferias en toda Cataluña. Este encuentro abrió nuevas oportunidades. El mundo de las ferias se abrió ante él, permitiendo la innovación y nuevas creaciones culinarias, que ganaron reconocimiento y seguidores, construyendo cada vez más los cimientos de JR Pizzes y su presencia en el mundo gastronómico de la comarca de Moianès.

LA DECISIÓN

Mientras Jordi asistía a diferentes ferias mientras compatibilizaba un trabajo regular, un giro inesperado sacudió sus expectativas. La dueña de la tienda de Estany, una parte importante de los inicios de JR Pizzes, decidió cerrar su negocio. Había llegado el momento de tomar una decisión crucial: seguir conciliando su pasión por las pizzas con su trabajo, o abrazar por completo su vocación.

En medio de esta reflexión, un día, conduciendo, Jordi se perdió. Este momento se convirtió en una metáfora de sus propias incertidumbres y dudas. Se abrió un espacio para la introspección profunda. Después de ponderar diferentes opciones, había decidido: continuaría luchando por su pasión.

En agosto de 2017, surgió la propuesta de traspaso de un local en Castellterçol como un rayo de esperanza. Este local se convertiría en la primera materialización del proyecto JR Pizzes. Finalmente, el 17 de noviembre de 2017, Jordi cerró la etapa que había comenzado en el garaje de su casa y dio un paso audaz: dejar el trabajo en el que estaba empleado para dedicarse de lleno y a tiempo completo al local de Castellterçol.

Los primeros meses en Castellterçol fueron difíciles, comenzar un negocio es complicado y la juventud y la falta de experiencia pesan. Sin saber cómo rentabilizar la empresa, JR Pizzes tuvo un mecenas: en calidad de gestor e inversor privado, apostó por el negocio, impulsando a JR Pizzes hasta el punto de poder abrir un nuevo establecimiento en Moià en enero de 2020.

En la actualidad, desde los dos establecimientos, JR Pizzes apuesta por productos de proximidad, sostenibilidad, calidad y lo más importante, la satisfacción de sus clientes, el activo más preciado.

Calidad y proximidad. 

Calidad y proximidad. 

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